Google
en esta web









Símbolos Patrio
Dominicano


Grandes de la Humanidad

 

Símbolos Patrio Dominicanos  

Menú de Escritores

Avanzar

.

Escritores Latioamericanos

 

 


ABELARDO VICIOSO
Escritor Latinoamericano

Escuche la voz de este escritor
Abelardo Vicioso

 

Nació en Santo Domingo el 27 de abril de 1930. Su nombre Abelardo Vicioso González. Uno de los nombres más representativos de la promoción del 48. Como la mayoría de sus compañeros, comienza publicando en la sección escolar de El Caribe.

En esa época fueron sus maestros Andrés Avelino y Pedro Mir. Residió en México durante dos años, donde su padre era diplomático.

Allí trabaja en el periodismo y publica algunos poemas. De regreso al país se gradúa de abogado e ingresa al ejército como segundo teniente. Dirige la Revista de las Fuerzas Armadas. Cuatro años después pide su baja por razones de salud, pero continúa dirigiendo dicha revista.

Es entonces cuando, en reuniones de compañeros que se realizan en su casa, surge la idea de la colección «El Silbo Vulnerado», en la que publica La lumbre sacudida libro merecedor del Premio Gastón F. Deligne 1958, de la Secretaría de Estado de Educación, Bellas Artes y Cultos. Abelardo Vicioso es nombrado Vice-Cónsul en Curazao, cargo que abandona a los 6 meses al refugiarse en el Consulado de Venezuela. Comienza así un período decisivo y tormentoso de su vida. Se traslada a Cuba, donde realiza actividades políticas y pierde trágicamente a un hermano.

Se enrola en el Movimiento de Liberación Dominicana. Asiste como representante de dicho movimiento al Ier. Congreso Latinoamericano de Juventudes, donde reparte mimeografiados sus «Cantos latinoamericanos», así como al Foro Mundial de la Juventud realizado en Moscú. Regresa al país en 1963 y colabora con el grupo «Arte y Liberación», encabezado por el pintor Silvano Lora, y que estaba formado por artistas e intelectuales que se proponían divulgar la cultura entre las masas con programas literarios, exposiciones, charlas, recitales poéticos, etc.

Este grupo sirvió de base al «Frente Cultural» de la guerra de 1965. La lumbre sacudida, uno de sus libros de poemas, con prólogo de Rafael Valera Benítez, como ya se ha dicho, llama poderosamente la atención en su momento. Es el libro más maduro y equilibrado que ofrece la joven poesía dominicana en un período en que la publicación escaseaba y la voz de los jóvenes parecía no encontrar acentos adecuados. El hermetismo y oscuridad predominantes en otros poetas de su promoción adquieren en él una expresión más humana y objetiva, lo que hace asequible su mensaje a una gran mayoría.

Abelardo Vicioso fue profesor adjunto de literatura dominicana y de literatura española en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, así como Vice Decano y Decano de su Facultad de Humanidades.

Obras publicadas:

La lumbre sacudida (1957), Colección El Silbo Vulnerado, Premio de Poesía Gastón F. Deligne 1958, Santo Domingo en las letras coloniales (1978), El freno hatero en la literatura dominicana (1982), 100 poemas de intenso vivir (1990). 

EL POETA EBRIO

Arrancadme este pedazo de luz que me cuelga del ojo como una lágrima, como un gajo viviente que se ha puesto de acuerdo con el vecino saludable para nublarme la alegría.

Sacadme del corazón este mineral antiguo, esta cansada voz perfecta que me enseñaron a llevar como medalla reluciente. Liberadme de la mansedumbre, contribuid a mi entusiasmo, acompañadme a la muerte cantando, bebed junto conmigo hasta tener el mundo en nuestras manos.

Os aseguro que veremos bailar las mesas de alegría, nuestra fuerza tendrá la medida exacta del deseo y la calle no será más que un hueco luminoso.             ¿Qué importa que despertemos mordiendo la yerba, con una margarita destruida en la mano o en una oscura cárcel con la camisa ensangrentada? 

LA SOLEDAD NO ES MÍA

No soy yo, somos todos los que ardemos con el corazón en la boca, mordiendo sus tejidos hasta la sangre.

Somos todos los que bailamos la melancolía y ascendemos la definitiva tristeza con la sonrisa pintada en los labios.

No lo neguéis, hay que decirlo, no soy yo sólo. Sería muy fácil desaparecer. Ya estaría hundido dos metros debajo de las pisadas de los hombres.

Todos me acompañáis cuando viajo a la luz de difíciles días, sumido en la penumbra de las calles desiertas, o en las alcobas tristes donde pone la muerte su ojo cada día.

Si también me acompañarais a cantar el amor, a lucir nuestra bandera como un traje de fiesta, a limpiar nuestras calles con la nueva llovizna lanzada desde abajo en hermosa parábola.

No soy yo, somos todos los que vamos a morir de espaldas, lentamente y sin lenguas, sin ojos ya, con íntimo cansancio. 

SOLEDAD: DÍA CERO

Este poema empieza donde acaba el invierno y se muere sobre un lento rocío como un niño apenas tocado por el tiempo. Este poema tiene la distancia de un día sobre mi soledad.

Inicia la luz su vuelo hacia el oeste y mi frente encamina su paso hacia el olvido. 

Entre todas las cosas ninguna me levanta de esta muerte sencilla de vivir sin deseos.

Del lado del amor para todas las cosas está dormida el alma.

Entro al amor desnudo, reciennacido, solo, ignorante del mundo que me entregó la espada sollozante, olvidado del beso donde inició su nombre el corazón ya para siempre.

Entro al amor, liviano, sin recuerdos, entro sin esperanzas ni deseos, entra mi alma completa, sin las mutilaciones de los días pasados y los que han de venir, agua de sufrimiento.

Palpo la luz en el inquieto espejo del océano donde se multiplica la mañana, y mi nombre suena gentil en los labios recién apetecidos de la muchacha que nació para un día: para este día solo sobre mi soledad. Ella ocupa el vacío que dejó la tristeza.

Por su piel entreabierta pasa mi amor cantando.

Bajo el incandescente palio de un mediodía entero, separados del tiempo por un beso muy largo, velas a la ternura, navegamos en seco. Luego pasan las sombras hacia el Este temblando.

Entro a la noche y traigo los ojos húmedos de luz, emergentes de un día profundo como una eternidad sobre la primavera de un país admirado.

Lejos se va quedando el mar en tanto la ciudad entreabre, una a una, sus encendidas puertas.

El día terminará con la cabeza recostada en los muslos de la muchacha sorprendida.

Este día terminará con una palabra sucia: SOLEDAD

 

Canto a Santo Domingo vertical

Ciudad que ha sido armada para ganar la gloria,
Santo Domingo, digna fortaleza del alba,
Hoy moran en mi alma todas las alegrías
Al presenciar tus calles con movidas y claras,
El rostro erguido y bronca la voz de tu trinchera:
¡Yanqui, vuelve a tu casa!

Sé ara que engullirte como sardina rondan
Treinta y seis tiburones en tu ardiente ensenada,
Celosos de los hombres que construyen la vida
Y nunca se arrodillan en sus grandes batallas.
Y tú estarás de pie, diciendo al enemigo:
¡Yanqui, vuelve a tu casa!

El cinturón de fuego que tu vientre comprime
Puede volver cenizas la vastedad del mapa.
Pero quiere decirte, guardiana de mis sueños,
Que todos los infiernos y sus hombres se apagan
En el océano inmenso de los pueblos que gritan:
¡Yanqui, vuelve a tu casa!

Quiero que sepas hoy que temo más que nunca,
Corazón de la vida que prefiere la Patria.
Que a todos los amores sembrados en el mundo
Quito una flor y es poco para cantar tu hazaña.
¡Yanqui, vuelve a tu casa!

Tú estarás para siempre dibujada en mi pecho
De marinero en ruta tras la estrella del alba.
Tu voz será la música de mis noches de fiesta.
Y cuando en algún sitio la luna este apagada,
Desplegando mis velas repetiré contigo:
¡Yanqui, vuelve a tu casa!

¡Vuelve a tu casa yanqui! Santo Domingo tiene
más ganas de morirse que de verse a tus plantas.
Y si violas sus calles combatientes y puras
La tendrás en cenizas, pero nunca entregada.
En medio del silencio de la ciudad Hundida
Gritarán los escombros. ¡Yanqui, vuelve a tu casa!

 

 



Radio Educativa Dominicana
Voz oficial de la Secretaria de Estado de Educación de la República Dominicana
Central Telefónica:(809) 563-3064  /  redfm@gov.do
© 2007 Todos los derechos reservados